Le llevó 16 años a Luis Ãlvarez convertirse en residente permanente luego que su padre pidiera ajustar su estatus en 1992. Foto: Marco Flores
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Silvana Tabares
trad. Víctor Flores
Luis Álvarez no ha visitado su pueblo natal en Michoacán, México, desde 1989. Salió sin saber si alguna vez vería otra vez a su familia. Llegó a EEUU por un futuro mejor ya que si se quedaba en Michoacán, habría de mudarse a Morelia, Michoacán, o a Moroleón, Guanajuato, para una oportunidad.
En 1972, cuando Álvarez tenía 2 años, su padre dejó a tras a su familia en México para laborar en la Florida en plantíos de naranja. Su padre se hizo residente permanente cuando el antiguo Presidente Ronald Reagan autorizó la amnistía y dio vigencia al Acta Reforma Migratoria y Control en 1986.
Le llevó 16 años a Álvarez, que ahora tiene 36, convertirse en residente permanente luego que su padre pidiera ajustar su estatus en 1992. La historia de Álvarez es un ejemplo de cuánto debe esperar la gente para recibir residencia permanente en EEUU. Su determinación y motivación lo llevaron a ser exitoso hoy. Habiendo llegado con las manos vacías a EEUU, él ahora posee una casa y maneja su propia compañía, ‘L Trucking’, pero su jornada no fue siempre fácil.
“Tenemos que empezar con una meta y seguir con otra. La meta es tener un poco más”, dijo Álvarez.
Cuando Álvarez llegó a EEUU, vivió con su hermano por casi un año antes de mudarse por sí mismo. Antes de fundar su compañía de camiones de volteo, tuvo empleos múltiples. Su primer empleo fue en una fábrica de alambre. Luego laboró en un restaurante cortando pollo por algunos años antes de laborar en una conocida papelera con base en Chicago.
“Uno tiene que sufrir y trabajar en lo que sea”, señaló Álvarez. “Mi motivación fue tener algo en la vida”.