por Graham Stephenson
trad. Víctor Flores
Ocho de los mejores chefs de Chicago se reunieron el domingo para servir algunos sabrosos ejemplos de las cocinas de América Latina. Estos provisores del arte culinario fueron el núcleo de un evento de colecta llamado Cocina de Coprodeli. Establecida en 1989, Coprodeli (Comunidad, Promoción, Desarrollo, Liberación) es una organización cristiana que provee ayuda a Pachacutec, ‘pueblo sagrado’ severamente empobrecido afuera de Lima, Perú. La obra de la organización allí se enfoca en desarrollo de fuerza laboral, vivienda, educación infantil y cuidado preventivo a la salud.
El evento dominical en la soleada sala de conferencias del Colegio Kendall, 900 N. Branch, fue un arreglo mundial a quienes se beneficiarán de éste. Asistentes pagaron $75 a $100 cada uno por entrar, y disfrutaron algo de la sabrosa comida de América Central y del Sur. Bailarines de flamenco entretuvieron al gentío mientras meseros servían rondas con cócteles y vasos de vino. El contraste de la colecta con las fotos y videos mostrados de la villa peruana no pudo ser mayor, sino que sólo realza lo que hace a Coprodeli tan exitosa en su meta: esparcir conocimiento, crear interés e inspirar el compromiso de nosotros que de otra forma no sabríamos de las condiciones de vida en comunidades como Pachacutec.
Yo hablé con un caballero, dentista, inspirado tanto por la causa de Coprodeli que se inscribió en una clase de Español en el Colegio Harold Washington, y planea ir en el siguiente viaje de la organización en agosto. Dijo que un paciente le dio un panfleto, y en vez de sólo donar, decidió ir a Perú y hacer contribuciones manuales.
Pero el centro de atención fue la comida. Cada uno de los ocho restaurantes presentó una o dos selecciones de su menú, más que nada bocadillos y comida ligera. Quienes donaron pudieron moverse
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