por Irene Tostado
trad. Víctor Flores
Cuando éramos niños, veíamos películas de terror con cautela, escondiendo la cara entre nuestras manos, anticipando cabellos erizados cuando una reacción refleja nos hacía cubrirnos los ojos. Como adultos, se espera que confrontemos esas situaciones adversas con ojos abiertos y confianza. Inmigrantes indocumentados viven estos melodramas convertidos en historias de terror.
Las identidades de héroe y villano de la historia son confusos y subjetivos a la estancia política del espectador del asunto migratorio. Sin importar eso, el fin de la historia sigue igual hasta que se de vigor a una política migratoria funcional; se deporta al inmigrante. Grupos anti inmigrantes claman victoria cada vez que un individuo es deportado, mientras que inmigrantes indocumentados mantienen su postura de boxeador reacio recibiendo golpe tras golpe.
Sólo un espíritu sin temor puede soportar tanto estrés. Mientras avanza la guerra doméstica y crece el número de víctimas, inmigrantes indocumentados se ponen impacientes y consideran lo peor, una tregua. Casi 700,000 inmigrantes han sido deportados y unos dos millones de adultos y niños separados desde 1997. Números que erizan el cabello y harían que el hombre más osado dudase de seguir escondido en este país.
“Ya que no puedo viajar fuera del país con mis amigas que desean ir a Europa de vacaciones, pienso sólo en irme voluntariamente a México y empezar todo de nuevo”, dijo Marisa, estudiante de 25 años.
Las redadas y ordenanzas en vigor en ciudades y suburbios en todo el estado contra inmigrantes indocumentados son tácticas visuales intimidantes, pero hay aún inmigrantes deseosos de quedarse en el país y esperar.
Mientras esperan, el Gobierno del Estado de Illinois propone iniciativas que al parecer ayudarían a inmigrantes indocumentados en los límites del estado. El Acta Seguridad en Carretera y Seguro Obligatorio (HB1100) buscaba ofrecer a inmigrantes un certificado que les permitiría manejar legalmente en
...