Rob Pattinson y Kristen Stewart regresan a sus papeles en “New Moon”, la segunda parte de “The Twilight Saga”.
Sería muy fácil descartar a “New Moon”, el último romance de vampiros de la serie “Twilight Saga”, como mentiras suaves y fáciles de digerir, pero uno ha de dar a la autora Stephenie Meyer crédito por hallar un nicho en el género horror que nadie más se imaginó. Sea usted o no fanático de vampiros de piel pálida y cabello encerado, Meyer ha creado un nombre marca que ha impactado enormemente a la cultura pop los pasados cuatro años.
Ya que millones de fanáticos abarrotan cines con playeras “Team Edward” o “Team Jacob”, muchos si no todos, van en terribles casos de visión túnel. Halle a alguien con pasión insana por “Twilight Saga” y tendrá a un fanático devoto sin importar cuán deficiente es la película. Para cualquiera con un ojo más apreciativo, es mucho más fácil señalar las fallas que hacen a “New Moon” un cuento de hadas gótico promedio dirigido a chicas no bastante viejas para ver “True Blood” aún.
En “New Moon”, Bella Swan (Kristen Stewart) inicia su último año de secundaria saliendo aún con el chupador de sangre más famoso del campus. Ya que su relación sigue adelante, Bella no puede dejar de pensar en el impedimento futuro que les espera – algún día Bella será vieja, mientras que el inmortal Edward será el apuesto vampiro del cuál se enamoró.
La única solución que Bella imagina es que Edward la vuelva vampiro tal que puedan estar juntos toda la eternidad (¡hablen de compromiso!). Sin embargo, a Edward no le entusiasma la idea de volver monstruo a su dama. Luego de un incidente de cortada por papel en el cumpleaños de Bella (sutil tributo del director Chris Weitz a “Drácula” de Bela Lugosi, que muchos amantes de Twilight no notarán), el hosco Cullen decide que
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